La demanda social insatisfecha y el populismo corporativo

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La demanda social insatisfecha y el populismo corporativo

8 abril, 2019

Los habitantes de Latinoamérica quieren un mejor entorno social, económico y político, pero deberán ser precavidos para no caer en manos de oportunistas que les prometan un futuro próspero. 

Italo Pizzolante Negrón


Si alguien esta ansioso por obtener algo que necesita y no lo logra satisfacer por sí mismo, lo convierte en una persona abierta y dispuesta a escuchar propuestas que solucionen rápidamente su ansiedad, así que la decisión final de aceptar o no las propuestas de solución y asumir sus consecuencias dependerá de sus niveles de necesidad en equilibrio con sus valores.

Esta simple lógica, llevada a la economía de mercado” y el binomio “oferta/demanda”, asegura que las demandas insatisfechas son siempre “satisfechas” por algún oferente dentro del propio mercado. Esta oferta puede ser tan engañosa como el tamaño de la “oportunidad” que le dan al oferente para lograr sus objetivos. Mientras más grande es la necesidad de aquel que demanda, es más abierto a escuchar ofertas ilusionantes de aquello que va a satisfacer.

A pesar de los claros avances en la lucha contra la pobreza, las asimetrías sociales son todavía profundas y crecientes frente a un Estado que ha probado su ineficiencia fortalecida por la corrupción. Las expectativas del ciudadano, convertidas en claras demandas sociales insatisfechas, hoy son escuchadas por intereses frecuentemente muy alejados de soluciones reales para la sociedad.

Es así como desafortunadamente es común que la “demanda social insatisfecha” sea resuelta con propuestas engañosas y populistas que buscan alimentar la necesidad y convertirla en apoyos que facilitan posiciones de poder, realidad presente no solo en países en vías de desarrollo sino en países desarrollados cuya conflictividad mueve nuevos liderazgos. Pero, esta actuación no es monopolio de las organizaciones políticas, en el mundo de la empresa y las ONGs también hay quienes actúan de la misma manera pensando equivocadamente que su reputación y credibilidad aumenta respondiendo de cualquier forma a la demanda insatisfecha.

Esto es una suerte de “populismo corporativo” vestido de filantropía o responsabilidad social orientado más a programas que a procesos que trasformen la sociedad, que no consideran su sostenibilidad y el impacto del modelaje cultural en el mediano y largo plazo.

No todas aquellas ofertas a la demanda social insatisfecha son buen intencionadas o inconscientes de sus implicaciones, debido a que hay quienes subestiman la inteligencia colectiva y alimentan la necesidad y la aprovechan. Es en esta realidad, propia del “mercado” que se encuentra el desafío mas grande que enfrentan los DIRCOM dentro de la empresa y frente a sus Directivas.

El buen amigo Moisés Naím lo decía en su artículo “2018: el año de los charlatanes”, publicado a finales de año en El País. Él me comentó que será parte del nuevo libro que lanzará este primer semestre. En esta publicación escribió: “el mercado de la charlatanería, especialmente en la política, ha tenido un gran apogeo. Ha aumentado tanto la demanda como la oferta de soluciones simples a problemas complejos. La demanda la impulsan las crisis y a la oferta la potencian las redes sociales”.   En otro orden han surgido nuevas tecnologías que hacen más retador el momento y que nos han sometido al peligroso yugo de la “dictadura de los algoritmos”, articulo que publicara en la revista FORBES a finales del 2017, un cambio profundo en la falta de atención y consciencia generalizada, producto de nuestros cambios de hábitos, como las consecuencias de estar continuamente conectados a los móviles, lo que supone un desafío importante para comprender, por nosotros mismos, un mundo que otros quieren hacernos creer que es el nuestro.

Nuevo entorno socio político que encienden las alarmas frente a los procesos electorales que están en marcha en Iberoamérica, frente a demandas ciudadanas de soluciones y un liderazgo empresarial no siempre consciente de lo estratégico de contar con un mapa de riesgo y la necesaria brújula que permite orientar sus actuaciones gerenciando los impactos en la credibilidad y la reputación de la empresa y sus líderes. La reputación es un activo intangible y de acuerdo con la consultora Brand Finance, representa el 52% del valor empresarial mundial y casi el 80% está totalmente oculto.

Gracias a los cambios tecnológicos y a los nuevos medios, también se ha reinterpretado la palabra “transparencia” para facilitar que el líder activista consciente de los impactos de sus actuaciones se comunique responsablemente con la sociedad, sin embargo, las redes también han probado su eficacia para dar a conocer aquello que haces y no cuentas, pero que otros lo cuentan por ti con intereses muy alejados a los tuyos.

Estas realidades reflejan un nuevo activismo ciudadano que requiere nuevas formas de gestionar la empresa y sus actuaciones, además de facilitar nuevos estados de consciencia en la forma de asumir nuestro liderazgo y nuestra capacidad para modelar a nuestros equipos y al propio mercado. MIT Sloan Management Review cuantifica la expectativa social: el 87% de sus encuestados sostienen que las empresas deben ir más allá de lo lucrativo.

Foresight Factory, en su reciente Congreso anual: Trending 2019: real data to predict the future,  se centró en el cambio y la evolución del mercado ciudadano. Así, producto de los cambios sociales y culturales están surgiendo nuevas audiencias y frente a ellas nuevas oportunidades para el liderazgo que debe mapear nuevas audiencias. Ejemplo de ello es el número de mujeres childfree, la cantidad de empleados que trabajan desde casa, pero también grupos bien articulados con posturas extremistas.

Mis amigos de Corporate Excellence, prestigioso think tank del que formo parte en España, publicaron este nuevo año aspectos fundamentales de la empresa sobre los que impacta el CEO, frente a las realidades compartidas: reputación y posicionamiento de la empresa; capacidad de influir en los que influyen; cultura empresarial (como es percibida hacia adentro y hacia afuera) y aval de confianza en momentos de crisis o cambio. Frente a ello MIT Sloan Management Review sostiene que el 86% de sus encuestados afirman que la Junta Directiva debe jugar un rol protagónico de supervisión frente los CEO.


* Académico y Consultor internacional en Estrategia y Comunicación  @ipizzolante

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